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martes, 2 de febrero de 2010


En mi país, es habitual llamarlas "vaquitas de San Antonio"



Mariquitas de colores
que van andando la hierba,
que se asoman, que se ocultan
tal vez porque ven muy cerca
que algún humano malvado,
es capaz en sus miserias
de aplastarlas con su pie
porque envidian su belleza.

Cuando niña muchas veces
y sin que me diera cuenta,
se posaban en mi mano,
a mi brazo daban vueltas,
y después me abandonaban
y volvían a la tierra.

Aún hoy tengo el privilegio
de que una u otra vez
me visiten sin reparo
y jamás las dañaré.

Verdad es que se las ve poco,
seguro que las matamos,
con la infinita soberbia
que tenemos los "¿humanos?".
Y por eso mas que nunca
hoy debemos protegerlas,
para que sigan viviendo
en la magia mas perfecta,
no es justo que desaparezcan
de la faz de nuestra Tierra!

Y es que está en nuestras manos
el detener esta locura
de ir destruyendo a cada paso
los regalos de Natura…

1 comentario:

  1. Precioso poema, Estela. Y muy importante denunciar la destrucción de la naturaleza en general que estamos llevando a cabo los... ¿seres humanos? O máquinas de matar y destruir.

    Te dejo un abrazo.

    Gregorio.

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