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domingo, 28 de julio de 2013

MEDUSA

Hace unos días por la mañana, me levanté muy inquieta; solo había podido dormir unas pocas horas; estaba completamente desvelada; se lo atribuí al hecho de estar embarazada, es normal que una se sienta angustiada, fantasee con su futuro hijo y todas aquellas cosas en que pensamos siempre las madres en cuanto sabemos que estamos esperando un bebé y mas cuando una es primeriza: ¿nacerá bien?!Basta que sea sanito! ¿Será niño o niña? ¡Qué ganas de verlo! ¿Cuándo comenzará a dar pataditas? Poseidón había salido ya hacia sus tareas habituales, así que comencé a acicalarme, me miré en el espejo para peinar mi larga cabellera de serpientes, con muchísimo cuidado, porque se enredan con facilidad. Fue en ese preciso momento que mirando el reflejo de mi belleza en su escudo, entró Perseo; se fue acercando sin que yo lo advirtiera, y se las arregló para no mirarme a los ojos, porque lo hubiese convertido en piedra de inmediato. Así fue que logró cortarme la cabeza; mi sangre se derramó en el suelo, naciendo de allí el caballo alado Pegaso. ¡Es que soy importante hasta con la cabeza cortada! ¡Pero estoy furiosa! ¿Qué se creé este hombre? ¡El sexo opuesto jamás entenderá que no debe interrumpir nuestros ritos de belleza!