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martes, 8 de diciembre de 2009

El cangrejito Alcides



La mamá cangrejo observó asombrada a su hijo, preguntándole muy enojada, que era lo que estaba haciendo.
Alcides le dijo que quería explorar. -¿Explorar?dijo su madre- explorar? ¿y qué es eso de que para hacerlo estés caminando hacia adelante? !Eso se aparta de las normas!

Alcides comenzó a hacer pucheritos y a llorar preguntándole si ella lo iba a dejar de querer.

-!Por supuesto que no voy a dejar de quererte ! -dijo su madre- , pero te repito que no puedes apartarte de las normas.

-Mamá...¿y si negociamos y camino ,aunque mas no sea, de costado?

- !No negociaremos nada! Tú tienes que caminar como todos los otros cangrejos caminan desde que el mundo es mundo.

-!Pero, mamá! No te das cuenta que soy un cangrejito especial? ¿no querés dar una vuelta de manzana conmigo caminando hacia adelante? Eheeeééé?

Mamá Cangreja lo castigó y lo mandó sin cenar a su cuarto, pero no pudo pegar un ojo! Se preguntaba ¿ de donde habría sacado esa locura, Alcides? Por añadidura su marido estaba profundamente dormido y ella que quería compartir su preocupación con él, no logró despertarlo.

En tanto, Alcides tampoco dormía diciéndose:

- ¿por qué no puedo caminar hacia adelante?Claro que... si a alguien que caminó siempre hacia adelante se le ocurriese caminar hacia atrás, seguro, seguro, que le dirían que está loco.

Estaba triste y preocupado, pero de pronto se acordó de Daniel(1), un nene amigo suyo, que siempre había estado empeñado en contar cuantas baldosas había en la manzana de su casa, y los adultos le decían que estaba loco, que para qué, si era más fácil con una calculadora.

Pero Daniel le había contado a Alcides, que los adultos no entienden nada, y que no se acuerdan casi nunca de cuando fueron niños , así que él las había contado igual,una por una, sin calculadora,!y lo había logrado!

Entonces Alcides se bajó de su camita y comenzó a recorrer su habitación, luego el jardín(obvio, obvio... caminando hacia adelante) él lo iba a hacer...!si ni siquiera le habían permitido negociar!

No obstante, el cangrejito se dió cuenta que caminar hacia atrás también tenía sus ventajas,porque tenía una visión mucho mas amplia del mundo(la mirada macro sí es importante, caramba!) , así que decidió que iba a caminar hacia adelante, y hacia atrás... !y de costado también!

Y se dijo que cuando él fuera padre, no se asombraría en absoluto de cualquier prueba, novedad o investigación que quisieran llevar a cabo sus hijos


(1) Daniel es el niño del relato “Daniel y las baldosas” también publicado por aquí

Daniel y las baldosas



DAniel, de seis años, había contado todas y cada una de las baldosas de las veredas de su manzana.


Le había llevado su tiempo, eso sí, porque cuando iba por la baldosa ciento cincuenta y cinco, siempre alguien lo interrumpía: -¿vamos a jugar a la pelota? ;- !Dani, Dani, vení a tomar la leche!;- ¿qué hiciste hoy en la escuela? !y claro! perdía la cuenta y tenía que recomenzar desde la puerta de su casa... !otra vez!


Eso de caminar sin perder la cuenta, era todo un trabajo y no podía distraerse, porque iba siguiendo la misma línea, colocando cuidadosamente su zapatilla derecha exactamente delante de su zapatilla izquierda, sin salirse fuera ni tocar los bordes.

Era importante, muy importante ser ordenado en el cálculo. Había logrado hacerlo ya tres veces, pero estaba sumamente preocupado porque la primera vez había contado mil seiscientos sesenta y dos baldosas, la segunda mil seiscientos sesenta y seis, y la tercera mil seiscientos sesenta y ocho.

Y pensaba, pensaba como hacer para estar seguro.

Entonces le contó a su papá, quien le dijo que podía averiguar exactamente, y con toda facilidad cuantas baldosas tenían las veredas, con una calculadora.


Daniel les explicó a sus papás una y otra vez que no se trataba de hacer un cálculo con una máquina; que él iba haciéndose amigo de cada una de las baldosas que pisaba, pero... no lo entendían, no lo entendían... y le decían que no perdiera el tiempo en tonterías.

Pero Daniel siguió con sus caminatas, y aunque muchas veces perdía el rumbo porque
-por ejemplo- escuchaba que se acercaba un auto y se decía: -!a que llego a la esquina antes que èl!

Y sí, llegaba,pero... tenía que recomenzar nuevamente con su recuento.

Pero ahora...!al fin! ha logrado saber sin ninguna, ninguna,nin-gu-na duda, que las baldosas de las veredas de la manzana de su casa, !son exactamente mil seiscientos sesenta y siete!

Cuando se los dijo emocionado a sus papás, ellos le contestaron: -!podrías haberte evitado tanto esfuerzo si hubieses usado la calculadora!

Daniel a partir de mañana comenzará a contar las baldosas de las veredas de la manzana vecina.