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domingo, 11 de abril de 2010

Zoe, la joven delfín



Zoé preguntaba a su mamá:



-Por qué en esta casa no hay ningún espejo?



Y la madre insistía en que ese objeto no era necesario.



Pero Zoé , que estaba muy ilusionada decidió ir a una casa, y llamó insistentemente golpeando sus aletas.



Finalmente, abrió la puerta un hombre muy soñoliento –lo cual es lógico, teniendo en cuenta que eran las 3.10 de la madrugada- quien le preguntó que necesitaba.



Y Zoé le dijo:



-Hola, Don Hombre! ¿esteeee... Ud. No me conseguiría un espejo?



Y el hombre, ni lerdo ni perezoso, de inmediato le regaló uno.



Ella se lo llevó muy feliz a su casa, y empezó a dar vueltas para verse el lomo…!Qué tranquilidad! ! Era preciosa toda ella! El lomo también!



Poco tiempo después acudían en tropel para hacer lo mismo todas sus amigas, -mientras la madre con las aletas a ambos lados de la cabeza se decía : - ¡así son los jóvenes hoy!



Pero no tendría por qué haberse preocupado; poco después se formaba una larga fila de delfines adultos que también querían mirarse en el espejo.



La cosa se había complicado…eran tantos !



Empezaron a pensar como podían hacer para verse el lomo –!no todos iban a poder tener un espejo en su casa!.



Y esa es la razón por la cual los vemos saltando y dando vueltas en el aire.


Miran si se pueden ver el lomo reflejado en la superficie del agua.

1 comentario:

  1. !Oh! Bonito y poético cuento digno de leer a un niño y que esboce una sonrisa.
    Me ha gustado. La pena que no tengo ya niños para contárselo. Esperaré los nietos :)
    Un abrazo y un beso desde este lado

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